Tantas veces hemos leído que para conseguir nuestras metas deberíamos formularla con precisión, gratificarnos por el progreso, documentar los cambios, hacer una declaración “pública”… Estos consejos son extensamente conocidos y muchas personas los aplican en su vida. Sin embargo, ¿por qué seguimos sin éxito? Aquí dejamos algunas sugerencias que podrían ayudarnos a mejorar la gestión de nuestros objetivos.

  1. Sé optimista, pero no te dejes llevar por las fantasías. Las expectativas optimistas están basadas en nuestra experiencia previa (espero aprobar el examen, porque antes lo conseguí en alguna ocasión). Lo que nos impide lograr los objetivos es imaginarnos en el futuro constantemente sin pasar a la acción. Nos enfocamos demasiado en el “qué podría pasar” en vez de verdaderamente actuar.
  2. Comprométete. A veces no cumplimos los objetivos por no comprometernos de verdad. Una de las maneras para aumentar el compromiso es el método del contraste. Consiste en imaginarnos al principio nuestra meta (encontrar un trabajo nuevo, perder peso) y después considerar los aspectos a cambiar de la realidad en la que nos hallamos ahora (sueldo bajo, poca satisfacción; obesidad, problemas con caminar). Este método funciona mejor que sólo imaginarse logrando la meta (¡las fantasías!) o enfocarse sólo en lo negativo del presente.
  3. Da el primer paso. No esperes hasta la tarde, al lunes, al primer día del mes o al próximo verano – empieza hoy, ahora. Dar el primer paso es lo más difícil, pero es donde todo comienza.
  4. Piensa en el proceso, no en los resultados. Visualizar el proceso de conseguir la meta, y no la meta en sí, ayuda enfocarse en los siguientes pasos que tenemos que dar y disminuye el miedo que nos provoca el cambio.
  5. Ten cuidado con rendirte fácilmente. Cuando no cumplimos los objetivos intermedios, tendemos a decir que ya nos da igual y volvemos a los hábitos de antes. Es algo que pasa muy a menudo en el caso de las personas que intentan perder peso: un día rompen la dieta comiendo chocolate y diciendo que ya no les importa. Van directamente a la cocina para comer más, pensando que no pueden ya lograr su objetivo. En esos momentos deberíamos enfocarnos en la perspectiva más amplia: lo que errado una vez no significa que el esfuerzo de todo el mes haya sido en vano.
  6. Evita la procrastinación. Cuando nos ponemos el listón muy alto, empezamos a pensar si vale la pena invertir nuestro tiempo en la acción. Es cuando entramos en la procrastinación: “Quizás pueda esperar un poco más. Empezaré otro día, es demasiado para ahora”. Para evitarlo, deberíamos fijarnos en los detalles del plan, en los objetivos intermedios. De esa manera no vamos a perder de vista nuestro objetivo principal.
  7. Cambia la perspectiva. Cuando estamos de viaje y andamos por una ciudad nueva, no miramos solo el camino sin mirar a nuestro alrededor, porque al final corremos el riesgo de perdernos. Lo mismo pasa con los objetivos. A veces tenemos que pensar en las metas intermedias y a veces en la perspectiva más amplia. También mirando a nuestro entorno podemos ver y aprender algo nuevo que pueda ayudarnos a lograr nuestro objetivo. Los psicólogos sugieren enfocarse en el progreso si nuestro objetivo es difícil de conseguir y en el resultado si es fácil y no exige mucho esfuerzo de nuestra parte.
  8. Piensa en lo que estás haciendo. Nuestro comportamiento suele ser a veces automático, aprendido, observado en otras personas y no le prestamos mucha atención. El camino hacia el objetivo exige cambios en nuestra rutina cotidiana y por lo tanto tenemos que darnos cuenta de nuestros hábitos, costumbres y ser consciente de ellos, para poder romperlos, y de esa forma empezar a acercarnos a nuestra meta.

A veces es mejor retroceder. Cuanto más invertimos en el plan, más difícil es retroceder, entonces seguimos invirtiendo aunque no haya resultados y al final perdemos. Es importante saber cuando deberíamos cambiar la estrategia a una más eficaz.

Anna Radka