Los seres humanos tenemos la capacidad de analizarnos internamente, de buscar en los lugares más recónditos de nuestra mente. Somos capaces de aprender a observar, identificar y afrontar los distintos problemas que la vida nos puede presentar. Poseemos la inteligencia suficiente para establecer nuestros propios límites, sin sentirnos desamparados por ello. Estamos capacitados para enfrentar con seguridad los problemas que día a día la vida nos pone en el camino.

Desafortunadamente, para llegar a desarrollar todas esas capacidades, con anterioridad, demasiadas veces  hemos tenido que experimentar la dependencia emocional, el miedo y una acuciante inseguridad e inestabilidad personal.

Cuando la vida nos hace pasar por trances tan duros que nos entierran en la tristeza, que no vemos un atisbo de luz por ningún sitio, en ese preciso momento que nada parece tener sentido, justo en ese instante, despertamos y comenzamos a ver la luz que emerge de entre las tinieblas de nuestra existencia, comenzamos a ser conscientes de que el camino debe continuar y que no adelantamos nada con esa actitud derrotista. De hecho, solo entorpecemos el curso de nuestro sendero.

Es ahí cuando decidimos levantarnos y comenzar a caminar nuevamente, cambiamos la percepción de las cosas, tratamos de sonreírle a la vida, a esa que un día rompió nuestra alma en mil pedazos, a esa que destruyó nuestro sueños y más profundos anhelos, pero que gracias a ello hoy somos más fuertes.

Emprendemos el viaje hacia la confianza, la que nos ayudará a solventar los distintos inconvenientes y reveses que el destino ponga ante nosotros. Trabajamos por y para nuestra propia satisfacción, porque es la única forma de que podamos darnos a los demás y entablar una relación sana. Nos esforzamos por ver el lado positivo de cualquier situación.

Analicemos y consideremos la posibilidad de brindarle a la vida una dulce y cálida mirada, acompañada de una tierna sonrisa. Es entonces cuando ella nos presentará a quien tanto tiempo llevamos buscando; sí, no es un espejismo, tienes frente a ti a LA FELICIDAD.

Mavi Encinas